ESTRATEGIA MILITAR. LA “DIVERSIÓN” DEL GRAL. FRANCISCO BERMÚDEZ (Abril – Mayo – Junio de 1821)

Área de desarrollo de la Batalla de Alto de Macuto (Santa Lucía). 14 de Junio de 1821

Área de desarrollo de la Batalla de Alto de Macuto (Santa Lucía). 14 de Junio de 1821

La liberación de Nueva Granada tuvo gran repercusión en España, al grado de fraguarse una “revolución” interna denominada “de Riego y Quiroga”, oficiales que impusieron al rey Fernando VII la Constitución Liberal de 1812. Estos acontecimientos dieron pie a los españoles para la búsqueda de la paz en América y por ende propusieron un tratado. Es así como los primeros días de enero de 1821, el país se encontraba en medio de una tensa calma, producto de la firma de un armisticio que propició luego el encuentro de Bolívar y Morillo, el 27 de noviembre de 1820. Dicho tratado debía durar 6 meses, o sea, hasta el 18 de abril de 1821, Pero el 28 de enero del mismo año la provincia de Maracaibo se pronunció a favor de la independencia. Haciendo buena la ocasión, el Gral. Rafael Urdaneta envía un batallón de republicanos y ocupa la convulsionada ciudad. A todas estas el Gral. La Torre, jefe del ejército español -ya que Morillo se había embarcado el 14 de diciembre para España- protestó enérgicamente a lo que consideró una violación del armisticio, exigiendo que se desocupara esa plaza. El Libertador dio a la sazón una ingeniosa respuesta a La Torre, alegando que al declarase Maracaibo independiente el 28 de enero, la ocupación el 29 por Urdaneta ya se hacía sobre un país libre y por ende no violaban el tratado.

En carta de Bolívar fechada el 6 de Mayo de 1821 a W. Write, expresa lo siguiente: “El armisticio nos ha servido muy bien para prepararnos con tranquilidad y disponernos del modo más ventajoso. Nuestras divisiones se han reforzado y disciplinado, se han provisto y se han colocado de manera que no le quede al enemigo otro partido que el de presentar, desde luego, una batalla, que podemos nosotros aceptar o despreciar según nos convenga”.

Ciertamente esta condición del escenario de guerra era la que Bolívar esperaba y para lograrla trazó una estrategia que permitiría la división de las fuerzas enemigas. Para ello fraguó planes que encerraban diversiones, que no eran otra cosa que distraer al ejército realista para dispersar las fuerzas que comandaba el Mariscal La Torre en San Carlos. Las acciones distractoras fueron encomendadas a José de la Cruz Carrillo, en occidente, y a José Francisco Bermúdez, en oriente y el centro norte del país.

Para explicar detalladamente esta estrategia militar, la cual contó con varias etapas en su desarrollo que dependían de las acciones del enemigo, dividiré la misma en dos partes que llamaré “movimientos”, ya que los mismos están relacionados con dos áreas geográficas del Estado Miranda: Barlovento y Valles del Tuy.

Gral. Francisco Bermúdez (Óleo de Martín Tovar y Tovar)

PRIMER MOVIMIENTO: La Batalla de El Rodeo, Guatire

Una vez reiniciadas las hostilidades el 18 de abril de 1821, la orden era terminante: el intrépido Bermúdez debía emprender como una exhalación su epopéyica travesía, estrategia encomendada por Bolívar conocida como “La Diversión de Bermúdez”, que formaba parte de la planificación global de la Batalla de Carabobo de 1821. Su misión: tomar Caracas, mas evitando arriesgar la batalla sin la seguridad de la victoria, cuestión difícil para tan osado guerrero, pues su sed de gloria lo hacía capaz de enfrentar titánicos oponentes, y cual “David” su onda giró siempre oportuna ante la mole del Imperio Español.

Abril 28. Desde Barcelona y con 1200 hombres, audaz, inicia la gloriosa ruta, no sin antes encomendar al Cnel. Agustín Armario 500 hombres para intranquilizar y contener a los realistas concentrados en Cumaná. Es así como arrastrando tres piezas de artillería, entra imponente al territorio enemigo. El 1 de mayo se nota en las inmediaciones del río Unare y en temible tropel se desplaza a campo traviesa a sabiendas del inminente encuentro con el batallón ligero realista “Hostalrich”, comandado por el realista Tnte. Cnel. José Istúriz. Pero este hecho y su sed de acción no le impedía con gozo propiciar el encuentro. Ya para el día 7 de ese mismo mes atraviesa Machurucuto, y la mañana del día 8 divisa al enemigo al norte de la Laguna de Tacarigua, por lo que da la orden de formar dos columnas y encomienda una de ellas al patriota Tnte. Cnel. Juan Estanislao Castañeda, que con más de un centenar de republicanos toma rumbo al sur del gigantesco espejo salobre para sorprender al enemigo por la retaguardia.

Mas el bravo español, al tener parte de tan elemental estrategia, volcó riendas y se marchó al encuentro de Castañeda, ahora visto de cazador a presa. Al llegar Bermúdez en la noche del día 8 a las trincheras realistas en la boca de la laguna, no encontró resistencia alguna y por ende sospechó de las intenciones del Cnel. Istúriz, que para el momento ya daba caza al sorprendido Castañeda, que no tuvo otra que huir despavorido ante tamaña desventaja. Apenas reaccionando por inercia al choque impetuoso del batallón español “Hostalrich”, quien afanoso optó por perseguirlo, pero cuando goloso cruzaba el Caño Amarillo le alcanzaron los infranqueables rayos del radiante cumanés. Sí, Bermúdez había regresado y tomando ventajas de la poca movilidad que ofrecía el medio acuático al acosado Istúriz, le arremetió sagazmente al final del cruce, destrozando en pocos minutos gran parte del batallón realista. Ahora era Istúriz el perseguido tomando con los residuos del ejército hacía las regiones de El Guapo, llegando a salvo el día siguiente a Caucagua, mientras Bermúdez invadía El Guapo y se posesionaba de los pertrechos enemigos.

Luego, el día 11, las invencibles columnas orientales arriban a Caucagua y acaban en Chuspita con la poca resistencia del resto del batallón ligero “Hostalrich”, quien era resguardada por una columna al mando del realista Cnel. Bernardo Ferrón. En el combate se sumó una partida de 16 hombres comandados por el guatireño José Félix Parra, quien, teniendo conocimiento de los planes realistas, voló para prevenir a Bermúdez de un inminente encuentro en la zona de El Rodeo, en Guatire.

El Vicepresidente español Ramón Correa, a cargo de la defensa de Caracas, ya había mandado a dos compañías del resto del “Hostalrich” a contener al infrenable Bermúdez, quien para el día 12 entraba en Guatire. Allí convergen 1100 hombres del audaz republicano y 900 hombres del realista Cnel. José María Hernández Monagas, reforzados por el batallón “Blancos de Valencia”, a cargo del también realista Tnte. Cnel. José Antonio Bolet.

Había, pues, la inminencia del combate. Bermúdez, conocedor de las ventajas del sector El Rodeo, en cuyas colinas a 3 leguas al este de Guatire, desembocaba el antiguo camino a Oriente, se instaló en ambas colinas para dar uso a los dos cañones que portaba. Los realistas, impetuosos y desesperados, toman la iniciativa y emprenden una carga frontal en contra del cumanés, éstos contaban con más de 900 hombres. Bermúdez aguarda y cuando los tiene a la vista les cierra la retirada con artillería y los acorrala con los fusileros, seguidos de lanceros a caballo, de los denominados “Dragones”. Una y otra vez son infructuosas las cargas realistas, el sitio es inexpugnable y el bravo cumanés los hace concentrarse en los planos del piedemonte del Trapiche Ibarra, al suroeste de las colinas, donde son presa fácil de la artillería, después  de  tres  horas  de  intermitente  combate. Monagas emprende la retirada hacia el centro del Valle de Caracas, a Sabana Grande, donde arriba con menos de 200 hombres. El resto, unos 700 soldados se quedaron en el combate. Unos muertos, otros heridos o prisioneros o en fuga. El ejército republicano nada más sufrió la baja de 90 combatientes.

Bermúdez lo había logrado, con esta victoria el camino a Caracas estaba despejado y la misión de “diversión” tendría su recompensa, por lo que de inmediato forma cuartel general en El Rodeo y con 800 hombres marcha veloz en búsqueda de la capital. Con aires de grandeza y afán incontrolado, como una tromba, llega a Petare el día 14. Se llenó de terrores el Brigadier Correa, jefe español encargado de la custodia de Caracas, y ordenó desde el mismo día que Bermúdez había vencido a Monagas, se evacuara la ciudad. Fue así como 70 embarcaciones -casi todas mercantes- salieron de La Guaira, mientras Correa se internaba en los Valles de Aragua. Ya entrada la tarde del día 14, Bermúdez llega a una Caracas desierta, sin resistencia alguna, y enclava la bandera patriota. El día 15 se enrumba a La Guaira, regresando el día 17, cuando decide, más allá de su misión, cazar a Correa en los Valles de Aragua.

Toda esta increíble jornada de temeridad incomparable llega a oídos del Mariscal Miguel de La Torre, quien para entonces se proponía atacar a Bolívar en San Carlos, mientras Francisco Tomas Morales con el Burgos, de 3000 hombres, acosaría a Páez al cruzar el Apure, pero sus planes hubieron de cambiar, pues Morales decide desde Calabozo ir en defensa de Correa en Aragua y rescatar Caracas con 1000 hombres del batallón del Rey, el “Burgos” y “Lanceros del Rey”, dejando el resto de su división en El Pao a cargo del Tnte. Cnel. Tomás Renovales, a la par que indica al Cnel. Simón Sicilia se traslade a Villa de Cura con una unidad de infantes y ordena al Capitán Miguel Hernández permanezca en Calabozo, con el 8vo escuadrón del regimiento de “Lanceros del Rey”.

O sea, que prácticamente desmembró a ese fuerte batallón, tan sólo por el trastorno que le ocasionó Bermúdez al vencer a Istúriz, Ferrón, Monagas y Bolet, pero aún Bermúdez tuvo la osadía de darle caza en el pueblo de El Consejo del estado Aragua a Correa, y el día 20 de mayo, en tan solo una hora, los realistas pierden 11 hombres, 100 fusiles, 12 cajas de guerra y varios efectos militares, dejando en manos de Bermúdez al Brigadier Tomas de Cires, junto a otros cuatro oficiales y un sinnúmero de soldados. Al enterarse La Torre, ya en Valencia el día 21 de mayo, de tal desastre sufre una gran indignación y condena a Correa por tan humillante derrota, mientras Bermúdez avanza hasta La Victoria, forma frente y se retira nuevamente a El Consejo, donde establece un segundo Cuartel General, además de El Rodeo, en Guatire.

En ese momento, la furia de Tomas Morales se emprende hacia Bermúdez, que a la sazón se parapetea en el sector El Márquez, cerca de Las Cocuizas. Allí llega el día 23 el terrible Morales y el día 24 inicia su despiadado ataque. Bermúdez, aun cuando el terreno le ofrecía ciertas ventajas defensivas, emprendió la retirada a Caracas con tal rapidez que optó por abandonar dos de los tres cañones que de avanzada le habían permitido muchas de sus victorias.

Llega el día 25 a Caracas y espera a Morales en el sector Antímano, obedeciendo pues a su misión de divertir a los realistas, sabiendo, por supuesto, que no tenía oportunidad de victoria ante las ventajas numéricas y logísticas que acompañaban a Morales. En tanto, Soublette, que había llegado a Caracas el día 22, ordenó a Bermúdez continuar el repliegue hacia Guatire y atrincherarse nuevamente en El Rodeo, por lo que el día 26 se desplazó hacia Guatire, pero sin precipitación, de manera que pudiesen seguirlo. Morales, sagaz, capta -aunque tarde- tal estrategia y al momento alerta mediante carta a La Torre, de manera que éste pueda concentrar sus fuerzas, única forma de mantener el poder en la provincia. Decide Morales entonces destacar al Cnel. Jaime Beto para resguardar La Guaira, continuando él hasta Petare, a donde arriba el día 27. Allí encomendó al Cnel. José Pereira con el 2do escuadrón del “Valencey”, quien se aprestará enseguida en persecución de Bermúdez hasta Guatire. A su vez nombró como intendente al Gral. José María Correa, y como Gobernador Político y Militar al Cnel. -otrora vencido en El Rodeo por Bermúdez- José María Hernández Monagas. Hecho esto y recuperada Caracas, creyó Morales tener todo bajo control, por lo que se desplazó al galope a reunirse con Don Miguel La Torre, quien yacía resignado a Valencia.

SEGUNDO MOVIMIENTO: La Batalla de Alto de Macuto, Santa Lucía

El día 28 llega lleno de glorias Bermúdez nuevamente a Guatire, donde retoma el Cuartel General de EL Rodeo y fortifica sus posiciones en las colinas de ese sector, ya con menos piezas de artillería pero con la noticia de que viene a reforzar sus filas el Gral. Arismendi, el temible margariteño. El mismo día en la tarde llega Pereira a El Rodeo, pero al ver la posición de Bermúdez en las heróicas colinas se retira al valle de Guatire y luego a Guarenas, donde forma cuartel.

El día 30 la promesa se hace verdad y Juan Bautista Arismendi entra goloso a El Rodeo con 400 hombres y presto se une a Bermúdez, que al momento se erige invencible para Pereira. Mientras, por Curiepe, entra el Cnel. Avendaño proveniente de La Guaira, con más de 340 hombres. Paralelo a él, el Comandante Macero entra a Caucagua con 500 hombres de los Valles del Tuy. Tal despliegue de los republicanos contrarió a Pereira de tal forma que no atacó, limitándose a escribir a La Torre, pidiendo desesperadamente refuerzos del “Batallón del Rey”, en cartas fechadas el 1 y 3 de junio, respectivamente.

Sin embargo, no contaban los patriotas con la presencia del capitán realista Ramón Aboy, que casualmente se encontraba recogiendo ganado en Santa Lucía, y al divisar la tropa de Macero le atacó de sorpresa en el sector La Castillera, Hacienda “Las Adjuntas”, el día 8 de junio con 400 hombres, haciéndolo retirarse desordenadamente y dejándole a Aboy más de 100 reses. Pero Bermúdez, al enterarse de tan lamentable acontecimiento, sale veloz de El Rodeo con dos columnas, una a cargo del Cnel. Pacheco, que se enrumbó al encuentro de Aboy por la vía de Aragüita, y la de Bermúdez, que se encaminó por la quebrada Kempis, bordeando el sector Cupo. Ambos convergieron en la quebrada Siquire. Ya para el día 15 divisan al enemigo en cerro El Frío, en Santa Lucía, disponiéndose a bajar hasta las orillas del río Guaire, cruzarlo y tomar posiciones en el sector Alto de Macuto. Mientras, las dos columnas al mando de Bermúdez y Pacheco le siguen el rastro a los realistas, comprobando la ventaja en cuanto a la posición de estos últimos.

Se inicia el ataque a las 9am, el cual duró 7 horas con resultado favorable a los patriotas. Bermúdez, decidido a dar combate aun habiendo comprobado la ventajosa ubicación de los españoles, se lanza en tropel junto a la columna del Cnel. Pacheco. A este último le ordena rodear al enemigo por el norte de sus posiciones, a fin de que los realistas abandonaran su ventajosa ubicación y avanzaran al ataque hacia esa dirección, mientras que Bermúdez, sigiloso, atacaría la retaguardia del enemigo, por el suroeste, rodeando el cerro desde el Río Guaire. Lograron así envolver al enemigo, el cual ofreció duro combate, hasta que finalmente fue debilitado, optando por huir hacia el noroeste y tomar luego camino hacia Soapire. En ese combate pierde la vida el comandante realista, natural de Galicia, Cnel. Lucas González, quien había sido enviado desde Ocumare del Tuy con 200 hombres para reforzar a Aboy, ya que éste recibió dos balazos en el encuentro con el patriota Gral. Mecero. Bermúdez, aun después de tan encarnizado encuentro y de manera veloz, sin embargo, tuvo tiempo para rendirle en el pueblo de Santa Lucía los debidos honores fúnebres al realista Lucas González, en una muestra de respeto, sepultándolo en la Iglesia Parroquial de esa población.

Nadie espera más pelea, pero en ese momento se presentó el Cnel. Pereira, que venía desde Guarenas en auxilio de Aboy y González. Una gran incertidumbre llenó el espacio, sin embargo el sabio Pereira decidió retirarse sin ofrecer combate y sorpresivamente no se volvió a Guarenas, sino que siguió despavorido a Caracas, por vía de Soapire, en donde se encontró con el desmembrado y derrotado ejército de Aboy, que huía del victorioso cumanés. En efecto, lo siguió el oriental, hostigándole y martirizándole. Pereira propuso a Bermúdez una paralización de las armas, el cese al combate en dos oportunidades, hasta no saber los resultados del supuesto encuentro de Bolívar y La Torre, pero el afanoso Bermúdez, obsesionado por su cadena de triunfos, se negó rotundamente y le pidió la desocupación de la capital y en la misma atacó sin preámbulos a la codiciada Caracas, el día 23, con 1500 hombres.

Pero Pereira se había atrincherado en el alto de El Calvario, donde su dominio visual era total y además era bien conocido que nuestros aguerridos orientales no eran diestros en la lucha urbana. En el desarrollo del combate cae derrotado Bermúdez ante la estrategia de Pereira, que envió pequeños grupos de guerrillas en todos los flancos. Cuando los golosos republicanos le salían al paso con todas sus fuerzas, los fusiles realistas hacían blanco fácil de los bravos e ingenuos infantes patriotas. Una pérdida total, una derrota sin precedentes para Bermúdez. En la retirada inminente, rauda y desordenada, el resto del “Batallón de Oriente” se desplazó nuevamente a El Rodeo donde levantó cuartel y desenganchó presto para dirigirse a Los Llanos en busca de José Tadeo Monagas, mientras Soublette lo hacia a Barcelona. Sin embargo, al llegar a Machurucuto recibe la gran noticia: “Bolívar venció en Carabobo”.

Dentro de sí, un suspiro de gloria inundó el corazón de “Francisco Pueblo”, su lucha había tenido a lo lejos el peso sutil del laurel. Haló riendas y al galope volvió a Caracas, pero no se había percatado que Pereira lo seguía para vengar en su persona las penas del “Valencey”. Oportunamente en forma simultánea y sobre la marcha, Pereira también se entera de la pérdida en Carabobo, devolviéndose nervioso a Caracas y dejando de perseguir a Bermúdez. Desde allá manda una patrulla de reconocimiento a los Valles de Aragua, pero la misma es apresada por Bolívar, quien venía a la toma de la capital, a la cual entró el día 29 de junio.

Para entonces, Pereira trataba de escapar por La Guaira sin suerte, al no encontrar embarcaciones. Bolívar al efecto la envía el 1° de julio un oficio de “Capitulación Honorífica”. Para el día 2° el Cnel. Don Diego Ibarra entrega a Bolívar el acuerdo final, y para el 4 de julio se hace oficial la capitulación. En ese momento, 530 hombres de Pereira se pasan a las líneas patrióticas y éste, con tan sólo 200 hombres, se embarca a Puerto Cabello con la frente en alto, valeroso y gallardo defensor de la corona.

Más tarde en 1823, el 8 de noviembre, Páez vence al último bastión español en tierras patriotas, toma por asalto con 500 hombres el Fuerte de San Felipe, en Puerto Cabello, y hace capitular al Gral. Sebastián de La Calzada. Aquí termina definitivamente la Guerra de Independencia, e invicto siempre, entre las plazas en disputa, El Rodeo, en Guatire, y Altos de Macuto, en Santa Lucía, brillaron refulgentes ante el sol del este, como los Portales de Carabobo, junto al digno orgullo de un pueblo valeroso, noble y patriota.

CARTAS DE PEREIRA AL GRAL. MIGUEL DE LA TORRE

CARTA 1

Archivo del General Miguel de la Torre.

Legajo 20. Paquete 70.

Número 2°

El comandante de la Columna de los Valles de Ocumare, don Lucas González, avisa de Santa Lucía con fecha de ayer que los enemigos en números de 600 de Infantería y Caballería, se habían puesto en retirada para Caucagua a unirse con Bermúdez, llevándose bestias y ganado que encontraron sobre la marcha y pueblos y sólo la precipitación con que nuestra tropa los perseguía les obligó a abandonar cerca de 100 reses. La reunión de Arismendi con 500 hombres se confirma por muchos conductos, nuestra paralización aumenta sus fuerzas y concepto; y para salir del paso necesito con urgencia a todo el tercer Batallón del Rey que guarnece la Capital y Guaira, quien volverá a ocupar sus puntos, concluidas las primeras operaciones, de otra suerte estoy imposibilitado de emprender movimiento alguno; la contestación de V S. me servirá de recibo.

Dios guarde a V. S. Muchos años.

Guarenas 1° de junio de 1821.

José Pereira.

Señor Capitán General

Por copia.

Pereira

(Rúbrica.)

CARTA 2

Archivo del General Miguel de la Torre.

Legajo 20. Paquete 70.

Guarenas, 3 de junio de 1821.

Mi venerado General:

Estoy consumido con los enemigos al frente y sin poderlos batir por no haber llegado el tercer Batallón del Rey que con urgencia tengo pedido al Señor Capitán General y cuando venga este recurso puede sirva sólo para comprometerme, pues los contrarios están fortificando todas sus posiciones en términos que van a costar mucha sangre.

Sin auxilios de boca para la tropa ni dinero, que dice el señor Correa nadie lo tiene, me veo en la más triste situación sin poder tomar partido por no exponer la Capital a un suceso desgraciado, estas consideraciones redundan en perjuicio del soldado, que escaso de alimento lo hace con niñerías que le acarrean enfermedades cuya epidemia se nota con abundancia, en particular la calentura, y como así siga pronto cuento con bajas que imposibilitan al Batallón hacer uso de él.

Todos los días estoy haciendo prisionero al enemigo por el descuido y confianza con que bajan a los cañaverales de Castilla, mandé al Hospital de Caracas ocho heridos y nueve dispersos con un Teniente que se me reunieron y ya tengo cuatro más.

El compromiso en que me puso el señor Brigadier Morales sólo lo guardo para mí Cuerpo, se lo agradezco, este señor satisfecho con la acción de las Cocuizas se fió en las noticias de los que decían no llevaban más de 300 a 400 hombres, cuando era general su retirada con cerca o más de mil disponibles y sabiendo que los enemigos cacareaban la venida de Arismendi; y que iban esperar nuestras tropas, se olvidó de todos y sólo me destinó a su persecución, habiéndole hecho sobre el particular mil reflexiones en obsequio de las armas, claro está que si la División se adelanta tres días, se consuma la obra y cuando no, entonces cualquiera cuerpo podía responder de las operaciones de esta parte, así es ahora no me atrevo aunque venga el Rey a comprometer acción en sus posiciones, cuyo resultado lo miro cuando no a su favor, muy ambiguo, según lo fortificado que tiene los puntos de ataque y sólo que la guarnición  de Cumaná desembarque en el Tuy en combinación, podemos adelantar mucho sin gran pérdida; por último, cuando digo a V. es hijo de las observaciones continuas que con demasiado riesgo se están haciendo.

Tenga V. la bondad de sacarme de aquí y que otro con más robustez mande estas operaciones que yo no puedo seguir porque no alcanzo los milagros de este tiempo, que sólo están reservados para otros.

Estos pueblos son más insurgentes que Bolívar y los que no siguieron a los rebeldes se fueron a los montes, del que no los saca ni el buen trato ni ofertas, no cuento con un hombre que dé noticias de la posición del enemigo, ni menos que haga el menor servicio a favor nuestro.

Sírvase decirme cómo van por allá los sucesos de Bolívar y Páez; deseo se conserve bueno y disponga de su afectísimo amigo y atento súbdito, que besa su mano,

José Pereira

(Rúbrica)

Señor General en Jefe.

FUENTES:

Portal http://www.guatire.com

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, secciones” Intendencia de Guerra” y “Archivo del General Miguel de la Torre”.

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